miércoles, 14 de marzo de 2007

Chico Largo del Charco Verde

Tomado de Pablo Antonio Cuadra y Francisco Pérez Estrada: Muestrario del folklore nicaragüense. Fondo de Promoción Cultural -Banco de América (Serie ciencias humanas No 9), Managua, 1978.
I

La bella y misteriosa isla de Ometepe, guarda leyendas locales que aún viven en la imaginación popular. Entre ellas se destaca la de “Chico Largo” y la de “El encanto del charco verde”, ambas están relacionadas por una continuidad mental y mágica debido sobre todo a la topografía insular. El Charco Verde es una pequeña ensenada que se abre en la hacienda Venecia, propiedad de mi amigo don Emilio Rivera Moreno, distante dos kilómetros del pequeño pueblo llamado San José del Sur.

Se llega a la ensenada bajando una pequeña cuesta sombreada por grandes árboles y pequeños arbustos. El Charco Verde, aparece así repentinamente, ante os ojos del espectador curioso, que mira con interés la pequeña bahía de aguas verdes, que se tornan iridiscentes, desde ciertos ángulos a través del pequeño oleaje que agitan sus aguas, cuando hay vientos fuertes del sur o suroeste.

La leyenda cuenta que el viernes santo al mediodía, aparece una mujer rubia bañándose en el centro del charco y peinándose con un peine de oro.

También es la entrada a un sitio encantado. En ese encanto se encuentran as personas que “han sido vendidas a Chico Largo”, quien las ha convertido en ganado al servicio de algún menester campesino.

Ese ganado encantado se vende en algunas ocasiones al matadero público de Moyogalpa o Altagracia, donde muchas personas han oído lamentarse al toro o vaca, que había sido un cristiano, al momento de ser inmolado. El vendedor de este ganado es un individuo que había hecho “pacto” con Chico Largo.

Por medio de ese pacto, el pactante goza de bienestar material durante cierto tiempo después del cual renueva el pacto o es llevado por muchos demonios al tiempo de su muerte.

Personas que dicen haber presenciado la muerte de alguien, de quien se decía “vendido a Chico largo”, cuentan que a media noche aparecen jinetes en brioso caballos negros haciendo ladrar a los perros, cantar a la gallinas y balar al ganado. Luego se apagan las luce que alumbran al cadáver del muerto. Bajan los jinetes en medio de un estrépido infernal. Cuando alguien se atreve a encender las luz porque ha cesado el ruido, encuentra que el cadáver ha desaparecido. Es que se lo llevó chico largo, porque había cumplido su plazo.

El individuo que ha pactado con Chico Largo recibe “siete negritos” que le ayudarán en sus momentos difíciles y le sacarán de cualquier apuro. Cuando cumplió siete años de tenerlo debe pasarlos a otra persona, so pena de ser llevado al “encanto” en cuerpo y alma.

Según mi informante hubo, hace cerca de 60 años, un comerciante árabe, de esos que el pueblo “turcos” quien hacia su comercio de tela entre Moyogalpa y Altragracia, pasando por Esquipulas, los Angeles, Trigueros, el Teñidero, San José del Sur, las Pilas y Urbaite.

Es una oportunidad, yendo de San José del Sur a Altagracia, se encontró al vendedor con un camino desconocido. Lo siguió por curiosidad y a cierta distancia divisó una gran casa-hacienda, con mucho trajín de gente en todas las dependencias y poblada de ganado muy gordo. El turco, llamado Umanzor, saludó una y otra vez ofreciendo sus telas pero nadie le contestaba. En vista de esa desatención en un lugar que es tan hospitalario, y al cual se había acostumbrado, torno sus maletas, se las echó al hombro y caminó hacia la salida. De pronto y sin que notara en que momento, se encontró de nuevo en el camino real que había traído, es decir, el de Altagracia.

El narrador, viejo experto, me había dicho antes de empezar su relato, que seguramente no lo creería, pero que Umanzor, el turco vendedor del caso, había pasado por su casa y preguntado por la hacienda desconocida. Nadie le había dado referencia de ella.

(Recogido por Francisco Pérez Estrada).


II

Tomado de “Los hombres convertidos en animales” (fragmentos), en Milagros Palma: senderos míticos de Nicaragua. Editorial Nueva América, Bogotá 1987.

Los dos ancianos de Moyogalpa nos expresaron con la fluidez de sus palabras, el profundo deseo de revelarnos todo lo que a lo largo de su centenaria existencia habían visto y oído en aquel misterioso paraíso de felicidad par unos y de sufrimiento para otros. El testimonio se volvía cada vez mas escalofriante sobre todo cuando empezaron a hablar así:

“Gentes anteriores a nosotros, mas antiguas que nosotros fueran vendidas en ese encanto del Charco Verde y después se murieron. Muchas personas aseguran haber visto a los desaparecidos en el encanto. La gente pobre no se vende sola, es una persona la que se encarga de venderla a Chico Largo.

Una vez vino un turco, hace bastante tiempo ya. El era buhonero, vendía cortes de pantalones, bien caro los daba. Un día de tantos con una gran carga de mercancía se fue caminando varias leguas hasta llegar a un pueblo que se llama San José. El contó que encontró una gran ciudad que nunca había visto antes y como quería vender sus cosas, se metió ahí y salio sin un corte. Todo lo termino. Dicen que se metió al encanto y ahí le compraron todo. No se sabe quien lo llevo al lugar donde estaba una peña grande, pero un hombre que lo acompañaba, un desconocido que se le apareció en el gancho del camino cerca del ceibo le dijo que cerrar los ojos y cuando los abrió, ya estaba en esa ciudad y todo lo vendió. Vio jardines llenos de flores, vio animales del monte mansitos. El turco se fue asustado diciendo que no quería ese dinero. Desde esa vez nunca mas volvió a venir.

También una señora amiga de mi amiga, Bertilda Castro se llamaba ella, llego un día asustadísima ahogándose para contar su gran susto.

-Ay señora, viera que triste que vengo, una cosa horrible me ha pasado. A mi comadre de los Ángeles le acaba de pasar una cosa espantosa.

Doña Bertilda prestaba dinero ese día que fue a cobrar sus intereses, estando en la casa de la comadre llego otra señora gorda diciendo:

-Buenas, vengo a que me preste a la chavalita para que me acompañe a un mandado.
-Bueno, llevátela le dijo la comadre de doña Bertilda, amiga de mi mamita. La chavalita que tenia ocho años se fue muy de mañana y como alas dos de la tarde regreso con una gran bolsa.

-Mamá, le dice la muchachita, aquí le manda su amiga este chicharrón y este chancho. Vea, bastante le mando. Aquí traigo esto mamá, pero no coma, no coma ni de ese chancho, ni de esos chicharrones, ¿sabe porque? Porque esa señora me llevo a un lugar, frente a Venecia y cuando llegamos a una piedrota que hay por ahí, me dijo que cerrara los ojos. Yo le hice caso y cuando los abrí otra vez, estábamos en un poco de casas y ella había desaparerecido. Yo me vi solita en un corredor con cuartos y cuartos, había un poco de cuartitos alrededor y yo afligida no sabia que hacer. La señora me dejo solita. De ahí, una señora que yo no conozco, me llevo comida, pero yo estaba tan afligida que ni siquiera comí.

La anciana adelantando un poco la historia nos dijo asustada:
-Si la chavala hubiera comido la dejan ahí. Con esto continuo con el relato de la chavalita:
-Yo le dije, mejor no como hasta que llegue a mi casa y entonces estando sentada y viendo que no comí, me dijo regañándome:
-¿Por qué no comiste?
-Porque no tengo hambre –le respondí yo mirando al suelo.

En eso sacaron de un cuarto a una señora blanca gorda y la metieron en otro cuarto. La señora era tan gorda que no podía andar. Yo estaba viendo eso porque estaba afligida y ahí oí gritar un chancho donde metieron a la señora. Ese chancho gritaba como que lo estaban degollando, esa era la señora a la que estaban matando. La hicieron chancho y la mataron. Ya cuando yo ví, la mujer salio con unos grandes tocinos que trozaron delante de mi. A la señora que metieron ahí, no la volví a ver, ya no salió. Estaba la puerta abierta, y ya los chicharrones pero el chancho no. Esos chicharrones son de gente, no coma, no me de a mi –decía la chavalita llorando de miedo.

Después de repetir varias veces que la historia era verídica, que su amiga le había contado, la anciana para dejarnos aun mas perplejos continuo hablando:
No hace muchos años, murió un conocido que se llamaba Juan Mendoza. El hombre se agravo y se murió y lo estaban velando. Aquí todo mundo sabe que cuando alguien se muere, hay que ir a la vela. La gente va y se reúne en el velorio del muerto.

De San José venia Saballos y en el camino se encontró con el muerto que estaban velando.

.-Hola hombre, ¿a donde vas? – le pregunto Saballos quien no sabia que aquel hombre había muerto.

-Pues hombre, voy largo, pero ahora que pases por mi casa, vas a ver una fiesta, están horneando rosquillas y preparando café para la fiesta de la noche. Yo voy para allá, largo, largo...

Después de ese cruce de palabras, cada cual continuó su camino. Cual no sería el susto de Saballos al pasar frente a la casa del que había visto en el camino. Entra y ve que están velando al hombre que había muerto. El hombre que con él acababa de hablar hacía poquito. Las fiesta de ola comedera se estaba armando para la vela y el muerto ya iba en su camino para el Charco Verde. Al ver eso Saballos cayó del susto con un gran calenturón y hasta después de la semana volvió a hablar.

Esa gente que tiene negocio con el malo, vende los hombre. Los que tine negocios engañan a la gente sencilla, porque a un cristiano no lo podrán vender jamás. Esos indios no sabían, ellos no saben, eso es contrato que hacen ellos creyendo que es así nomás la cosa.

En el manantial se hacen los contratos. La gente veía llegar a Chico Largo montado en un gran caballo negro, Los trabajadores lo veían entrar por un portón y después se desaparecía...

Este testimonio ilustra una creencia según la cual la persona que hace un “pacto con el diablo” cae muerta de repente. Algunas veces desaparece del pueblo y nadie mas la vuelve a ver. Según los ancianos de l pueblo, muchos hombres sencillo hicieron pacto con Chico largo y por eso se volvieron ricos de un día para otro.

La vida de un que ha hecho “pacto” es limitada. Limitada al tiempo fijado en el pacto que es un contrato definitivo y no se puede anular porque el diablo se encarga de velar por su cumplimiento. El se complace esperando el día que toca llegar a traer el alma comprometida. El contrato procura una vida de abundancias y goces sin límites durante un tiempo estipulado. El precio de todo esto es la entrega del alma al diablo, a veces camuflado baja el agente que tramitó el pacto.

10 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es usted un mal educado. Respete las leyendas y el esfuerzo de la persona que las está transmitiendo en este blog.
      !Excelentes leyendas!
      CVC (Ecuador)

      Eliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
  3. Además de feo, sos vulgar.

    ¡Quén te dijo que es para provocar miedo miedo!

    ResponderEliminar
  4. Como me gusta explorar mi tierra y averiguar de estas leyendas, yo fui al propio Charco Verde y acampé a sus orillas durante la Semana Santa de 1998. No sabía esa parte de la leyenda de la mujer que aparece peinándose en viernes santo, yo pasé la noche del miércoles al jueves. Primero recorrí sus alrededores en la tarde (hermosos manglares), luego cené en la finca que está cerca, que es de los mismos dueños actuales de toda esa propiedad donde está el Charco, y que alquilan cuartos para turistas. Miembros de la familia me contaron la misma leyenda del turco, pero con algunas variantes. Por ejemplo, que no era una ciudad sino una enorme hacienda con un caserío para los trabajadores, y que al turco le fue tan bien vendiendo sus mercancías que quiso regresar, pero nadie de San José del Sur ni de las cercanías le supo dar razón, y él nunca volvió a encontrar esa gran hacienda. Luego me dieron permiso para pernoctar junto a la laguna, el Charco Verde, donde instalé mi hamaca. La verdad no ocurrió nada que pudiera considerarse sobrenatural, pero sí que pude asistir a una maravilla de la naturaleza: algo me despertó a medianoche, sé la hora pues vi mi reloj con mi foco, y me deslumbré: la luna llena estaba poniéndose al oeste, casi ya tocando el agua del lago, con lo que su reflejo sobre el agua parecía un camino de plata que cruzaba todo el lago, se interrumpía en la estrecha franja de tierra que separa el lago del Charco Verde, y luego continuaba cruzando toda esta laguna hasta morir prácticamente a mis pies, en la orilla donde yo estaba parado. Es una de las hermosas visiones que mucha gente no ve nunca por seguir los mismos caminos trillados, y que me acompanará por siempre.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ojalá algún día pueda visitar algún día esos lugares mágicos con mi familia.
      Saludos cordiales,
      CVC (Guayaquil-Ecuador)

      Eliminar
    2. Lo esperamos, encontrará mucha hospitalidad

      Eliminar
  5. Como me gusta explorar mi tierra y averiguar de estas leyendas, yo fui al propio Charco Verde y acampé a sus orillas durante la Semana Santa de 1998. No sabía esa parte de la leyenda de la mujer que aparece peinándose en viernes santo, yo pasé la noche del miércoles al jueves. Primero recorrí sus alrededores en la tarde (hermosos manglares), luego cené en la finca que está cerca, que es de los mismos dueños actuales de toda esa propiedad donde está el Charco, y que alquilan cuartos para turistas. Miembros de la familia me contaron la misma leyenda del turco, pero con algunas variantes. Por ejemplo, que no era una ciudad sino una enorme hacienda con un caserío para los trabajadores, y que al turco le fue tan bien vendiendo sus mercancías que quiso regresar, pero nadie de San José del Sur ni de las cercanías le supo dar razón, y él nunca volvió a encontrar esa gran hacienda. Luego me dieron permiso para pernoctar junto a la laguna, el Charco Verde, donde instalé mi hamaca. La verdad no ocurrió nada que pudiera considerarse sobrenatural, pero sí que pude asistir a una maravilla de la naturaleza: algo me despertó a medianoche, sé la hora pues vi mi reloj con mi foco, y me deslumbré: la luna llena estaba poniéndose al oeste, casi ya tocando el agua del lago, con lo que su reflejo sobre el agua parecía un camino de plata que cruzaba todo el lago, se interrumpía en la estrecha franja de tierra que separa el lago del Charco Verde, y luego continuaba cruzando toda esta laguna hasta morir prácticamente a mis pies, en la orilla donde yo estaba parado. Es una de las hermosas visiones que mucha gente no ve nunca por seguir los mismos caminos trillados, y que me acompanará por siempre.

    ResponderEliminar
  6. ¡Qué imaginación la de los que inventaron estas leyendas! Aunque creo que detrás de toda leyenda hay algo de verdad. Es probable que hace décadas o cientos de años alguien hubiera sabido del asesinato de alguna persona a la que se la habrían comido. Lamentablemente en el mundo actual he leido sobre casos reales de gente que ha hecho conservas de seres humanos. Prefiero -claro está- las leyendas. A veces, la realidad supera con creces la crueldad de la ficción!!!
    Lo felicito por su blog señor Mendoza.
    Saludos cordiales,
    CVC (Guayaquil-Ecuador)

    ResponderEliminar
  7. la lellenda de chico largo puede ser verdad





    ResponderEliminar