2 de mayo de 2007

Guardadores de Tesoro

(Tomado de “Yo no sé quien soy” (fragmento), en Gustavo A. Prado: Leyendas coloniales. Ediciones del Club del libro nicaragüense, Managua 1962)

Cuentas las crónicas que Fray José Jirón de Alvarado, fue un sabio, un grande orador, y un santo, grato a los ojos de Dios. Érase de la estirpe de los conquistadores de Guatemala, de aquellos bravos hombres que vieron quemar las naos de Cortés y le ayudaron a sojuzgar la raza azteca.

Nació Fray José en ésta ciudad de los caballeros de Santiago de León a principios de 1662 y murió en 1724 habiendo sido el primer nicaragüense que ocupó la silla episcopal.

En la sal capitular de la Catedral puede verse su retrato. Es un preclaro arón de aquellos siglos; expresión ascética la de su rostro, ojos hundidos, brillantez y asaz escrutadores; labios finos y barbilla recia y saliente de hombre de fortaleza y fe teologal.

Refiérase de tan noble Monseñor que una noche retirado ya en sus aposentos y en momentos de terminar sus oraciones y listo para entrar en el lecho, se volvió súbitamente a la puerta y saliendo a la calle anduvo como un sonámbulo sobre la llamada calle de los Chapanecas –hoy de San Juan de Dios- así llamada por habitar en ella una familia de Chiapas que había llagado a establecerse a León, desde 1603.

Se detuvo frente a un solar, saltó por la empalizada y llegó en el preciso momento en que se levantaba una espada guacalona sobre a cabeza de un negro esclavo.
-¡No matarás! -dijo suavemente Fray José.
Y el brazo del asesino quedó paralizado
Sed bueno y sed justo – continuo- ¿por qué vais a enterrar nuestro tesoro y habéis confiado a vuestro esclavo la tarea de abrir el hoyo, vais a hacer guardar el secreto con el silencio de la muerte?¿qué ley ded Dios os dice que el esclavo es vuestro hermano? Desbastad las asperezas del espíritu con el amor del prójimo que es lo mas santo ante Dios Nuestro Señor.

El noble señor de capa y espada, quedó anonadado y cayó de rodillas ante el señor Obispo; mientras el esclavo llamado José Ferolato contemplaba sin comprender aquella escena desde el fondo de la fosa. -¡Levantaos! -ordenó Fray José y desapareció.

* * *

Nuestros antepasados no conocieron las ventajas de las cajas de hierro con cerraduras de combinación y para resguardar sus caudales los enterraban en botijas de barro, en cofres de madera o en pequeños arcones de hierro. Mas como la tarea de cavar la tierra era encomendada a un esclavo, la fosa se hacia siempre bastante larga, y cuando éste bajaba al fondo a colocar el tesoro el señor se iba por detrás y le hundía la espada, cayendo el esclavo muerto sobre la caja. Luego la tierra loo cubría todo.

Por eso diz que los muertos que salen anuncian tesoros ocultos y cuando hacen hallado ha precedido siempre el hallazgo macabro de u esqueleto.



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