16 de abril de 2013

Don Andrés y su vocación folgatoria


Jorge Eduardo Arellano

A mis amigos chilenos
La vida conyugal de don Andrés Bello, fundador intelectual de Chile, se inició en Londres. Allí matrimonió con la inglesa Ana María Boyland, que le tuvo dos hijos; viudo nueve años después, reincidió con Isabel Antonia Dunn. Ella le dio diez retoños más.
No obstante, cada mañana dominguera íbase con sus amigos a folgar indias en Peñalolén, por lo menos hasta 1847, año de la publicación de su Gramática de la lengua castellana destinada a los usos de los americanos. A los pocos días, decidió aprovechar una salida de doña Isabel Antonia al mercado central de Santiago para poner las manos en la masa de la criada más agraciada, costumbre que había mantenido con mucha discreción y parsimonia.
Inesperadamente, al constatar el olvido de su paraguas, doña Isabel Antonia retornó al hogar encontrando a don Andrés en el lecho folgatorio que compartían desde 1824.
—¿Don Andrés, estoy sorprendida —reclamóle doña Isabel Antonia, con el respeto que le dispensaba a su cónyuge, modelo de sensatez, cordura y caudalosa doctrina.
—No, señora —replicóle el gramático—. Usted está estupefacta. ¡El sorprendido soy yo!
(1997)

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