2 de mayo de 2007

El Lagarto de Oro

Tomado de Pablo Antonio Cuadra y Francisco Pérez Estrada: Muestrario del folklore nicaragüense. Fondo de promoción cultural –Banco de América (Serie Ciencias Humanas N0. 9), Managua, 1978.

Hace muchos, pero muchos años, llegó a Chontales un noble caballero francés llamado Don Félix Francisco Valois. En cantado de los paisajes que rodeaban la hacienda Hato Grande, situada a cuatro leguas de Juigalpa, decidió comprarla. En ese entonces, vivía en Juigalpa una joven muy linda que se llamaba Chepita Vital. Un día don Francisco se encontró con la Chepita, enamoraron y a los pocos meses contrajeron matrimonio. Después de algunos años tuvieron una niña a la que bautizaron con el nombre de Juana María.

Sintiéndose muy enfermo, don Francisco dispuso hacer un viaje a Guatemala para curarse. Antes de irse, recomendó a su administrador que se hiciera cargo de la hacienda y de su familia. Pasó el tiempo y don Francisco no volvía, todos los pobladores de la comarca comenzaron a preguntar a los viajeros por él, hasta que un día alguien dijo que el pobre señor había muerto antes de llegar a Guatemala. Doña Chepita se enfermó de pena moral y murió a los pocos años dejando su testamento enterrado en un lugar que nadie conocía. Juan María fue creciendo y creciendo hasta que se hizo señorita. La muchachita ignoraba que el administrador, que se llamaba Fermín Ferrari, se había robado todos los bienes que le pertenecían.

Como era muy malo y ambicioso, el tal Ferrari pensó que mientras la joven existiera, él no podía adueñarse de la hacienda. Pensó y pensó y por fin se le ocurrió enloquecer a la muchacha. Comenzó a decirle que en la hacienda asustaban y que salían los fantasmas. Le contaba cuentos tan horribles que al poco tiempo la Juan María se puso loca. Gritaba, cantaba, bailaba mientras decía: “viva la condesa de Valois”. Después de varios meses de haber perdido la razón, murió. Todos los de la comarca afirmaban que la había matado Ferrari.

Como no había herederos, el bandido comenzó a vender todas las propiedades y con el dinero que recogió se fue del país. Pocos días después un caminante trajo la noticia de que unos bandoleros lo habían matado en el camino.

Como los vecinos le tenían cariño a la Juana María, le llevaban flores a su tumba. La sepultura quedaba en el cerro de Hato Grande, al borde de una laguna y las personas que la visitaban aprovechaban la oportunidad para bañarse. Una mañana casi se mueren del susto, porque vieron un enorme lagarto que con los rayos del sol brillaba y brillaba. Corrieron al pueblo para contar loo que habían visto. Muchos campistos fueron a la laguna e intentaron cazar al animal pero les fue imposible.

Un campisto que creía mucho en la Virgen, subió al cerro un día de tantos y le ofreció a la Virgen de la Asunción una corona de oro y un altar de la cola del lagarto si le ayudaba a cazarlo. Tiró su mecate y lo cogió de la cabeza, pero cuando lo tenía en sus manos dijo: “Que se friegue la Virgen”. A penitas dijo esto, el lagarto se le escapó y se sumergió en el fondo de la laguna. Desde entonces, todos los chontaleños buscan el lagarto de oro para hacerse ricos, pero este no volvió a salir jamás y dicen los campistos que es el ánima de la Juana María cuidando sus bienes”.

(Recogida por Gladys Miranda).

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