7 de mayo de 2010

La dama del horóscopo

Eduardo Estrada Montenegro

(Esta es la historia de una mujer que toma decisiones de su vida con base a una especie de horóscopo menstrual, que heredó de su abuela, método utilizado por generaciones, y que un amigo suyo logra finalmente descubrir. La última predicción había sido su muerte y estaba tan convencida de ello que regresó al viejo pueblo donde había nacido.)

Hace muchos años conocí a una bella y linda mujer de piel acanelada, de tratos suaves y de ojos negros, como su cabello, con rayos plateados al natural, diríase canas, pero como tenía un poco más de 25 años, no eran de vejez, sino de herencia. Y le venían en mucha gracia y se combinaban con su sonrisa de puro corazón y sus manos hermosas y suaves.

Helena había regresado a su antigua provincia, debido al hastío que le producía el bullicio de la ciudad moderna, la continua fiesta, el licor y las drogas. Quería paz. Y alquiló una hermosa casa colonial, con amplios corredores, y un jardín con plantas diversas, entre las que se destacaban hermosos helechos que colgaban de los aleros del corredor de la vieja casa de paredes de adobe y techos de tejas con sabor a barro.

Vivía con sus dos hijos, pues se había separado, recién llegaba a la ciudad, pues su esposo no soportó la monotonía de aquella provincia, con sus muchas iglesias coloniales, su vetusta y musgosa catedral, y especialmente en Semana Santa, con sus múltiples procesiones y santos de tamaño natural que sacaban por las principales calles de la ciudad.

Una vez que pasaba por su casa, vi a su hermoso perro negro con sus orejas gachas, peludo, galante y una vez visto el perro, miré hacia dentro de la casa y ahí estaba ella, con su hermosa cabellera negra y hebras plateadas, sus ojos también negros, pero iluminados y su cuerpo esbelto, vestido con una blusa negra y un pantalón crema.

-Hola, hermosa, señora --le dije, tal como la había tratado siempre.

-Hola, caballero --me respondía--. Pase adelante....

Y desde luego que me agradaba estar con ella, compartir un rato de la mañana calurosa, en la sala principal de su hogar.

Siempre me interrogué por las causas de su traslado de una ciudad floreciente a un pueblo viejo y tradicional como éste --del cual no diré su nombre para no ofender a sus habitantes.

Y entonces me aventuré a interrogarla a fondo.

-Sé que te viniste por el hastío de la ciudad, que querías paz en tu corazón y encontrarla en tu pueblo natal, donde naciste y no en el extranjero.

-Ya veo que no te das por vencido --me dijo sonriendo.

-Sí, a decir, verdad, no me doy por vencido.

Luego hubo un largo silencio, yo temía que se hubiera disgustado, pero su silencio era una lucha entre decirme su secreto o seguirlo ocultando.

-Por mi parte, te prometo guardar el secreto --dije, interrumpiendo el silencio profundo que se había formado en aquella hermosa casa colonial.

-Ah, como creerte, apenas hace unos meses nos conocemos…

-Mi bella señora --le contesté muy serio mirando a sus ojos--, dígame usted cuando he fallado a mi palabra. Mi amistad y cariño hacia usted ha sido firme.

-Guardar un secreto vas más allá de la amistad, pues siempre hay tentación de contárselo a otra persona…

-Puedo arrodillarme, si quiere…

-No, no es necesario…

-Entonces, por favor, dígamelo que desespero…

-Bueno, hace muchos años hago uso de una especie de horóscopo menstrual.....

-¿Horóscopo menstrual? –-exclamé perplejo.

-Sabía que te iba a extrañar y sorprender… y hasta te ibas a burlar de mí.

-No, no…para nada, estoy abierto a toda experiencia -–le repliqué con amabilidad.

-Bueno, eso espero…porque esto no se lo he contado a nadie.

Mientras me advertía sobre su secreto, yo seguía con la interrogante de qué jodido era ese tal horóscopo sexual o menstrual, y cómo una mujer como ella, culta, inteligente y de buenas maneras, podía guiar su vida con base a supersticiones. ¿Pero a caso la humanidad no ha vivido siempre así?, me dije a mí mismo, y en eso estaba cuando al punto esencial de esencial del tan difícil secreto que había arrancado casi con súplicas.

-La vida no es fácil, Ernesto. Y cuando tus tradiciones religiosas no te dan respuestas, a veces se recurre a otras opciones, y mas cuando este recurso, es heredado de tus abuelos. Y sus predicciones se cumplen.

En verdad seguía atónito, pues desde mi adolescencia creí haber superado mis creencias religiosas y supersticiones, de hecho había sido hasta ateo militante, y aunque había superado esa actitud recalcitrante, seguía firme en mi visión científica del origen del universo y del hombre….Todo estos pensamientos se me venían a la mente mientras la escuchaba, pero cuando sentí que finalmente iba a darme detalles de secreto, fui todo oído.

-Cada vez que menstruo, consulto mi horóscopo menstrual.…

-¡Helenaaaa…! –exclamé--. En verdad no lo puedo creer…

Después de disculparme por mi exabrupto –no podría calificarse de otra manera-- e insistir para que continuara con su relato, me narró que cuando era una adolescente su abuela, una viejecita de unos 80 años, la llamó a su cuarto y le dijo:

“Me querida Helenita: Quiero compartir con vos un viejo secreto que heredé de mi madre que está en el cielo y que me ha servido en toda mi vida, en las buenas y en las malas, y gracias a lo cual pude sacar adelante a la familia. Sé, mi hija querida, que ya estás preparada para tener hijos y por eso quiero darte un regalo que se ha transmitido de generación e generación.

“Tomá este papel que contiene lo que te puede suceder según el día en que te toque menstruar, consúltalo con paciencia y sabiduría y verás que podrás enfrentarte a los males de este mundo y las acechanzas del demonio.

“Hija, el mundo está lleno de maldades. Gracias a estas reglas, podrás saber si te vendrá buena o mala fortuna, si serás feliz en el amor, si tu esposo te es infiel, si tendrás buena o mala salud, si alguien quiere hechizarte o embrujarte.”

Poco a poco Helena me fue contando su historia, estaba como en un trance, erguida, con los ojos ligeramente cerrados, y sus manos cruzadas. De repente abrió sus ojos y como atónita, me dijo que le apenaba mucho haberme contado su historia, que ella misma no se explicaba como podría practicar algo tan irracional, pero que casi siempre le daba resultados.

Una vez que menstruó el 7 de mayo de 1975, el papelito arrugado y sepia de su abuela le advirtió que su pareja le sería infiel. Y la predicción fue efectiva, tanto así, que se divorció. Otra vez se le anunció fortuna y se casó con un hombre próspero con quien recorrió medio Mundo, y después le predijo que una enfermedad terrible visitaría su hogar y quedó viuda con dos hijos.

Cuando me contó rápidamente todo esto, de inmediato me rasqué la cabeza y busqué alguna teoría que me permitiera rebatir sus afirmaciones.

-Es pura coincidencia –enfaticé--, deben ser predicciones muy abiertas vos lo interpretás a tu manera.

-No, Ernesto, mi madre murió después de una predicción que tuve el 25 de Mayo de 1978.

Y así me contó uno que otro suceso que estaba relacionado con el famoso horóscopo menstrual. Dándome por vencido, al final le interrogué:

-¿Y por qué has regresado a esta ciudad provinciana?

Hizo una leve pausa y con sus ojos lagrimosos, me dijo:

-Ahora me ha anunciado la muerte y quiero morir en mi pueblo.

Me quedé viendo sus grandes ojos fijos, su boca pequeña y graciosa, pintados de rosa. Tomé sus manos y le dije que contara conmigo que yo siempre iba a estar ahí, como amigo, apoyándola. Para combatir sus supersticiones, quise mas de una vez tener acceso a su horóscopo menstrual, pero nunca quiso mostrármelo ni decirme las 31 predicciones que contenía.

Cuando me la encontraba, al menos una vez por mes, siempre le preguntaba:

-¿Y ahora qué?

-Me viene un nuevo amor.

-¿Y la muerte qué?

-Se ha dejado de repetir, y a Dios gracias, todo me predice un nuevo amor.

-¿Y el papelito?

-Lo he roto, quiero vivir el presente y me he conformado con el amor que me anuncia.
Muchos meses después volví a visitarla, y ahí estaba su perro negro en el umbral de la casa de puertas altas con sus orejas gachas y en la sala ella, con su eterna sonrisa y, a su lado, un caballero que me miró con recelo.

3 comentarios:

  1. Me gusto la narración de tu historia aunque pienso que utilizaste mucho la palabra hermosa me parece que eres un pícaro jajja suerte cuidate. :* tu angel rosado

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  2. Gracias muy amable, pronto enviare una nueva versión, con las correcciones.

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  3. De acuerdo, muchas gracias Eduardo.

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