Luis Rocha
Cuando
llegó a aquel pueblo de tenebrosos silencios y tocó el chiflo inundando el día
con su musical sonido, viose de improviso rodeado de todas las mujeres
enlutadas que lleváronle sus siempre ávidas lenguas viperinas para recibir el
filo con el que, poco después, daríanle muerte.
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