12 de abril de 2013

Los luchadores


Guillermo Menocal
 
Toda la vida había luchado por liberarse de la ira; pero nada podía hacer para alejarla. Ella se apoderaba de él frecuentemente aunque éste tuviera o no la razón. Un día el hombre, cansado ya de tanto ardor, decidió ponerle fin a esta situación. La lucha fue interna y feroz: bramaron las palabras, rugieron los sonidos y los pensamientos se lanzaron como bolas de fuego. Todavía ambos, ya moribundos, fueron desgraciados y sus cuerpos esparcían alocadas chispas ardientes llenas de resquemor y de brutal encono. Entrelazados se los tuvo que llevar la muerte. Jamás se supo más de ellos. Pero hay quienes dicen que sus sombras se pasean como fantasmas por nuestras desdichadas existencias.

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