16 de agosto de 2012

El rey tiene un cacho


Julio Aguilera Maradiaga

En cierto reinado de un país lejano al nuestro, había un rey que con frecuencia se miraba en la obligación de eliminar a los barberos, simplemente porque éstos respondían con la verdad a la interrogante que les hacía.

Siempre que tenía a uno de ellos cortándole el pelo les preguntaba sobre lo que miraban en su cabeza y éstos, asombrados por lo que estaba ante sus ojos, con el cuidado de no molestar al rey, casi en susurro le respondían: “Un cacho señor”.

Eso bastaba para que el barbero desapareciera del reinado, el rey no concebía esa realidad, no soportaba la idea de tener un cacho en su cabeza. Y así fue como muchos barberos por decir la verdad fueron condenados a morir.

En el poblado ya se comentaba la desaparición de los barberos cuando el rey les llegaba a exhortar con sus gendarmes, y a quien le tocó el turno esta vez temblaba. No era para menos, pues temía que les pasará lo mismo de sus compañeros.

Cuando ya el barbero, con su equipo de trabajo, se encaminaba hacia el palacio se iba preguntando la razón por lo cual sus compañeros de oficio habían desaparecido; pero la repuesta no llegaba todavía.

Entonces cuando ya le tocó afanar con el cabello del rey, como todos los demás, se conmovió de lo que vio y casi pegó un grito del susto, pero se contuvo. El rey entonces, le hizo la misma pregunta:

¿Qué vez en mi cabeza? El barbero, como sospechando lo peor, muy seguro de sí mismo le contestó: “Nada señor”.

El rey estaba sorprendido de la repuesta, hasta que por fin había alguien que le respondía lo que deseaba oír, pero aún dudando del barbero le hizo una y otra vez la misma pregunta, y la repuesta fue la misma: “Nada señor”.

El barbero inteligentemente se había librado de perecer, pero su conciencia no estaba tranquila, él sabía que la verdad era otra.

Al día siguiente se dirigió a las afueras del pueblo e hizo un gran hoyo, metió la cabeza y gritando fuerte comenzó a decir: “¡El rey tiene un cacho!”, “¡El rey tiene un cacho!”…. hasta que realmente sintió que se había librado de aquella mentira.

Con el tiempo brotó del hoyo una hermosa planta de carrizos que los niños del pueblo, cuando de jugar se trataba, se trasladaban al campo y ahí cortaban los carrizos que convertidos en pitos comenzaban a tratar de sacarle alguna melodía.

Lo extraño para ellos era que al ejecutarlos, en vez de la melodía deseada, lo que salía al aire era la voz del barbero que decía: “¡El rey tiene un cacho!”, “¡El rey tiene un cacho!”…

Ocotal, Nueva Segovia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada