12 de abril de 2013

A veces en las madrugadas


Mario Urtecho
A veces, desde la quebrada, una voz se acerca susurrando mi nombre. Entra a la casa en penumbras, avanza por el corredor, espanta al perro, cruza por la sala, se mete al cuarto, se acerca a mi cama, salta desde el borde de mi oído y se sumerge en las intangibles ondulaciones de mis sueños.
Desde otra dimensión de la vida acudo a su llamado. Dormido o despierto, no lo sé. Salgo de la cama, dejo el cuarto, cruzo la sala, avanzo por el corredor, abro la puerta y me dirijo a la calle, donde tiritando bajo la brisa de la madrugada me encuentro... ¡esperándome!
Cuántas veces se repitió ese sueño, o cuántas veces desperté en la calle, no lo sé. Lo que sí supe fue que terminaron la misma madrugada en que desaparecí de la vieja fotografía tomada con los gitanos en Santa María del Mar y nunca supe para dónde me fui.
Ahora, repasando recuerdos 20 años después de muerto, no tiene caso buscarle explicación. Lo cierto es que algunas noches me acerco a la casa, avanzo por el corredor, asusto al perro, entro al dormitorio, me acerco a la cama y desde allí me veo durmiendo y, susurrando mi nombre, me llamo y me miro salir a la calle donde tirito de frío bajo la brisa de las penumbras de la madrugada.
Feb/25/95

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